Para una óptima resistencia a la corrosión, las superficies de acero inoxidable deben estar limpias y sin contaminación orgánica (grasa, aceite, pintura, etc.) o metálica, especialmente restos de hierro.
En el proceso de descontaminación, es importante eliminar las trazas de hierro y no simplemente esparcirlas. Después de un procedimiento típico de producción, el proceso de limpieza final se debe realizar siguiendo estos puntos:
- Inspección
- Pretratamiento mecánico
- Desengrasado
- Aclarado
- Decapado
- Desmut (manchas oscuras)
- Aclarado
- Pasivado
- Neutralizado
- Inspección
El acero inoxidable tiene una rigurosidad superficial baja, lo que lo hace fácilmente limpiable y fácil de mantener. Este material es muy recomendable para entornos de control, como laboratorios y cocinas industriales. Como su superficie no es porosa, las bacterias y virus no penetran en la limpieza ni manchan. La limpieza simple, con productos químicos adecuados, desinfecta la pieza sin afectar la superficie.
